La humanidad es del agua:
Los hombres son peces con piernas,
Y las mujeres, almejas con brazos.
Ese caballero Darwin bien lo sabía.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
La Vida Nace de Mí ~ Es un proyecto que recolecta las creaciones artísticas y reflexiones del poeta chileno Felipe Guzmán Bejarano, y que cuenta con las colaboraciones ocasionales de sus amistades. Las emociones y su profundidad infinita son un universo por descubrir, y el autor invita a sus lectores a embarcarse en la aventura, a veces deleitante, otras tantas terrorífica, de conocer el contenido del propio corazón.
domingo, 18 de febrero de 2018
Arena y fin del mundo
A mi de chico
Me enseñaron
A siempre mirar el mar.
A mi siempre
Me dijeron que mirara.
Con desconfianza.
Creo que me advirtieron
Porque, secretamente,
El mar está furioso.
Lleva eternidades
En olas y olas de fuego,
Guerreándole a la tierra.
Es tanta su rabia
Que no se detendrá
Hasta haber molido
La última piedra.
En el último minuto.
Del último día del mundo.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Me enseñaron
A siempre mirar el mar.
A mi siempre
Me dijeron que mirara.
Con desconfianza.
Creo que me advirtieron
Porque, secretamente,
El mar está furioso.
Lleva eternidades
En olas y olas de fuego,
Guerreándole a la tierra.
Es tanta su rabia
Que no se detendrá
Hasta haber molido
La última piedra.
En el último minuto.
Del último día del mundo.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
viernes, 22 de diciembre de 2017
Despedida
Amigos míos, queridos amigos míos,
Hermanos, hermanas, amores:
Perdonen mis años de volutas de humo,
Las quimeras, decepciones y cenizas.
Tantas imprudencias, frutos del orgullo frío.
Blasfemias, miles, por mi falta de amor propio.
Les pido disculpas por mis promesas vacías,
Ignorándolos mientras seguí almas desleales.
Me avergüenzo hoy de tanta autoinmolación,
De la falta de respiración estoy arrepentido.
Me avergüenzo hoy de tanta autoinmolación,
De la falta de respiración estoy arrepentido.
Congelado en el fondo de ocho lagunas.
Saqué mis propias conclusiones, así como ustedes
Han comprendido la naturaleza de mi carácter.
Es por lo mismo, que les agradezco sus sonrisas,
Y que les digo que debo soltar sus manos.
Es mi deber atravesar volando los oceános,
Y hacer del fin del mundo mi punto de partida.
Sepan que estaré bien, que mi imprudencia innata
Se encuentra bajo la guía de un hombre más sensato.
Sepan, queridos, que los libro de mi compañía rastrera,
Y que mis chistes malos no habrán de rondarlos más.
Me llevo las plumas, las piedras, los espejos,
Las palabras y los besos que me han dado estos años.
Cargo en mis bolsillos cuanto me recuerda a ustedes,
Y mi memoria está llena de sus rostros y colores.
Partiré con la primera luz del alba, coronado
Con agujas de luz y espinas de esperanza.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Vistazos a la noche
El viejo maestro dijo a sus discípulos:
"Quemen sus barcas, y corran hacia el bosque".
Los jóvenes idealistas creyeron que era
Otra enseñanza del anciano, y obedecieron.
Cuando el último de sus aprendices partió,
El hombre bebió de un frasco pequeño,
Tan ligero como una pluma, y pesado,
Pesado como una sentencia de muerte.
Cerró los ojos, y recordó tiempos tristes,
Con nubes rojas y mujeres ensangrentadas.
Luego escuchó un relincho a sus espaldas,
Se volteó, y murió dando vistazos a la noche.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
"Quemen sus barcas, y corran hacia el bosque".
Los jóvenes idealistas creyeron que era
Otra enseñanza del anciano, y obedecieron.
Cuando el último de sus aprendices partió,
El hombre bebió de un frasco pequeño,
Tan ligero como una pluma, y pesado,
Pesado como una sentencia de muerte.
Cerró los ojos, y recordó tiempos tristes,
Con nubes rojas y mujeres ensangrentadas.
Luego escuchó un relincho a sus espaldas,
Se volteó, y murió dando vistazos a la noche.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
martes, 12 de diciembre de 2017
La casa negra
Llevo tiempo ya a oscuras
En esta casa infernal,
Dándome contra las paredes.
Vive conmigo un primate loco
De ojos ardientemente negros
Que se encarama a mi espalda.
Me susurra enroscando su voz.
Dice cosas sobre las piedras,
Las carrozas que vienen y que van,
Me explica sobre ciencias muertas.
Me susurra la verdad, yo sé.
Pero no tengo tiempo para escribir.
La comida está en la mesa,
Orbitada por lunas de polillas.
Debo apresurarme,
Cruzar la puerta y sus cruces,
Y consagrar la comida en la mesa.
El mono desquiciado tiene hambre.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
En esta casa infernal,
Dándome contra las paredes.
Vive conmigo un primate loco
De ojos ardientemente negros
Que se encarama a mi espalda.
Me susurra enroscando su voz.
Dice cosas sobre las piedras,
Las carrozas que vienen y que van,
Me explica sobre ciencias muertas.
Me susurra la verdad, yo sé.
Pero no tengo tiempo para escribir.
La comida está en la mesa,
Orbitada por lunas de polillas.
Debo apresurarme,
Cruzar la puerta y sus cruces,
Y consagrar la comida en la mesa.
El mono desquiciado tiene hambre.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
miércoles, 4 de octubre de 2017
La Octava Casa
Es de noche, la luna canta en lo alto, desciendo en las aguas.
Pienso en ustedes, enemigos, me embebo de sus miradas,
Y entro por la única puerta que siempre ha estado en mi interior.
Dentro no hay luz, no hay oscuridad, no hay ruido ni silencio.
Aparece entonces la muerte, y pienso "oh, es la muerte".
Carga en sus espaldas un atado de sarcófagos y mortajas.
|Éste de aquí es el tuyo|, me indica con su delicada mano.
¿En qué clase de sepulcro me vine a meter?
|Había esperado por verte| me dice con seguridad en la voz.
"¿Por qué la muerte querría verme, si no es para matarme?"
|Ven conmigo, aquí sólo nos acompañan los tristes difuntos|.
"¿Qué hay de mis hermanos?" le pregunto a la muerte.
|Aquí sólo nos acompañan los cadáveres de los pájaros|.
"¿Qué hay de mis amigos? ¿Qué es de mis amores?".
|Aquí sólo nos acompañan los cuerpos de los gusanos|.
"¡Quiero salir de aquí! ¡Tengo que salir de aquí!" le digo.
Abre entonces sus ojos la muerte (los tenía cerrados)
Y latigazos de piedra resuenan a lo lejos, haciendo eco.
Fuego empieza a caer del techo, y pienso "oh, hay techo".
Pero dejo de pensar en el techo y me miro las manos.
Me miro los brazos y me miro las piernas, arden con rabia.
Y ahí me doy cuenta de que me duele, de que estoy llorando.
|¿Le tienes miedo a la muerte? ¿Le tienes miedo a la vida?|
Caballos galopan a nuestro lado, sin tocarnos, ignorando el fuego.
"¿Qué quieres de mí, muerte?" le pregunto, ignorando su pregunta.
|Sólo estoy de visita. Vine a enfrentar a mi discípulo contra la verdad|.
Ahí es cuando recuerdo que soy aprendiz de la muerte.
¿Qué tantas cosas he olvidado de mi persona?
Mi cuerpo se consume y salta con fuerza una idea,
Una única y terrible idea: "Esto tiene que pasar, ¿verdad?"
|Así es, discípulo. Tienes que morir porque tienes que nacer|.
El fuego, los látigos, los caballos desaparecen. La muerte se va.
Y emerjo de las aguas, respiro hondo, y pienso "oh, estoy vivo".
Mis músculos están descansados, mi mente relajada, mi alma, nueva.
Imagino a la muerte diciendo trémula |¿Le tienes miedo a la vida?|.
"Esto tiene que pasar" me repito. Puedo seguir viviendo ahora.
Estoy renovado, ya no tengo enemigos, porque me dejé atrás,
Y porque volví a nacer, más dulce, más tierno, más yo otra vez.
Dejo bajo las aguas los cadáveres y los sepulcros, y reanudo mi camino.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Pienso en ustedes, enemigos, me embebo de sus miradas,
Y entro por la única puerta que siempre ha estado en mi interior.
Dentro no hay luz, no hay oscuridad, no hay ruido ni silencio.
Aparece entonces la muerte, y pienso "oh, es la muerte".
Carga en sus espaldas un atado de sarcófagos y mortajas.
|Éste de aquí es el tuyo|, me indica con su delicada mano.
¿En qué clase de sepulcro me vine a meter?
|Había esperado por verte| me dice con seguridad en la voz.
"¿Por qué la muerte querría verme, si no es para matarme?"
|Ven conmigo, aquí sólo nos acompañan los tristes difuntos|.
"¿Qué hay de mis hermanos?" le pregunto a la muerte.
|Aquí sólo nos acompañan los cadáveres de los pájaros|.
"¿Qué hay de mis amigos? ¿Qué es de mis amores?".
|Aquí sólo nos acompañan los cuerpos de los gusanos|.
"¡Quiero salir de aquí! ¡Tengo que salir de aquí!" le digo.
Abre entonces sus ojos la muerte (los tenía cerrados)
Y latigazos de piedra resuenan a lo lejos, haciendo eco.
Fuego empieza a caer del techo, y pienso "oh, hay techo".
Pero dejo de pensar en el techo y me miro las manos.
Me miro los brazos y me miro las piernas, arden con rabia.
Y ahí me doy cuenta de que me duele, de que estoy llorando.
|¿Le tienes miedo a la muerte? ¿Le tienes miedo a la vida?|
Caballos galopan a nuestro lado, sin tocarnos, ignorando el fuego.
"¿Qué quieres de mí, muerte?" le pregunto, ignorando su pregunta.
|Sólo estoy de visita. Vine a enfrentar a mi discípulo contra la verdad|.
Ahí es cuando recuerdo que soy aprendiz de la muerte.
¿Qué tantas cosas he olvidado de mi persona?
Mi cuerpo se consume y salta con fuerza una idea,
Una única y terrible idea: "Esto tiene que pasar, ¿verdad?"
|Así es, discípulo. Tienes que morir porque tienes que nacer|.
El fuego, los látigos, los caballos desaparecen. La muerte se va.
Y emerjo de las aguas, respiro hondo, y pienso "oh, estoy vivo".
Mis músculos están descansados, mi mente relajada, mi alma, nueva.
Imagino a la muerte diciendo trémula |¿Le tienes miedo a la vida?|.
"Esto tiene que pasar" me repito. Puedo seguir viviendo ahora.
Estoy renovado, ya no tengo enemigos, porque me dejé atrás,
Y porque volví a nacer, más dulce, más tierno, más yo otra vez.
Dejo bajo las aguas los cadáveres y los sepulcros, y reanudo mi camino.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Inalterable
Dícese de un fénix de papel,
Un ave feliz, roja y carmesí,
Envidiada por un hombre
Que no toleraba su libre vuelo.
Siguió al pájaro por años,
Odiando sus colores y su canto,
Buscando oportunidades
Para apresarle y hacerlo suyo.
Una tarde, sin saber bien cómo,
Lo atrapó, y sin perder tiempo
Lo metió en una jaula de bronce
Que compró mucho tiempo atrás.
"La libertad no existe", le dijo,
"Y tú serás miserable prisionera."
El fénix de papel ardió entonces,
Autoinmolándose frente al hombre.
Sus alas de origami cayeron marchitas
Y de las cenizas se alzó un suspiro,
Blanco como las nubes ese día,
Y el alma del fénix reanudó su vuelo.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Un ave feliz, roja y carmesí,
Envidiada por un hombre
Que no toleraba su libre vuelo.
Siguió al pájaro por años,
Odiando sus colores y su canto,
Buscando oportunidades
Para apresarle y hacerlo suyo.
Una tarde, sin saber bien cómo,
Lo atrapó, y sin perder tiempo
Lo metió en una jaula de bronce
Que compró mucho tiempo atrás.
"La libertad no existe", le dijo,
"Y tú serás miserable prisionera."
El fénix de papel ardió entonces,
Autoinmolándose frente al hombre.
Sus alas de origami cayeron marchitas
Y de las cenizas se alzó un suspiro,
Blanco como las nubes ese día,
Y el alma del fénix reanudó su vuelo.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
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