Soy el único, digo, el uniquísimo hombre
Que no tiene miedo a aceptar que tiene miedo,
A aceptar mis errores, que no son pocos,
Quitándome la máscara cuando otros se le aferran.
Puedo recitar de memoria todos los mantras
Que repito en mi cabeza cuando estoy triste,
Exponiendo las espinas de mi mente púrpura,
A la vez que intento dialogar con títeres.
No exagero, el resto del mundo aparenta siempre
Confianza, seguridad, satisfacción y orgullo,
Y todos los adultos son actores, mentirosos.
Ellos no saben.
La vanidad es hueca.
La materia es hueca.
La falsa valentía es vana.
No piensen que me siento superior,
Porque estoy lleno de vacíos.
Soy una esponja, poroso,
Reteniendo líquidos
Espesos de rabia,
Injusticia social,
Ausencia de alma.
Y pesadez estomacal.
Nuestro mundo se consume
En la apariencia más populista.
Me niego a ser una marioneta más
De los poderosos, sudorosos, de siempre.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
La Vida Nace de Mí ~ Es un proyecto que recolecta las creaciones artísticas y reflexiones del poeta chileno Felipe Guzmán Bejarano, y que cuenta con las colaboraciones ocasionales de sus amistades. Las emociones y su profundidad infinita son un universo por descubrir, y el autor invita a sus lectores a embarcarse en la aventura, a veces deleitante, otras tantas terrorífica, de conocer el contenido del propio corazón.
sábado, 30 de enero de 2016
viernes, 29 de enero de 2016
Evento Familiar
Luego de mirar microcosmos de mercurio y neón
Escondidos más allá de donde empiezan tus pupilas,
Él murmuró en tu oído promesas de amor eterno;
Tenías lágrimas rodando por tus mejillas.
Su beso fue fugaz e inesperado, luz que nace
De las entrañas de una pistola disparando en la oscuridad,
Presagiando algo siniestro tras el trueno asesino.
Tras la centella, perdiste el aire de los pulmones,
El plomo comprimiendo tu carne, huesos y alma.
Sonríe, relamiéndose una cicatriz en el labio superior,
El cañón de su arma humeante, sus manos esqueléticas,
La locura virulenta repiqueteando en lo negro de sus ojos.
Fuiste enterrada en su jardín trasero, junto a su esposa
Y junto a su hija, tu hermana, muertas ese mismo día.
Tu padre, delgado, pálido, extasiado de horror y sangre,
Te guardó para el final, dispuesto a disfrutar triunfante
Tu último llanto.
Y vaya que lo disfrutó.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Escondidos más allá de donde empiezan tus pupilas,
Él murmuró en tu oído promesas de amor eterno;
Tenías lágrimas rodando por tus mejillas.
Su beso fue fugaz e inesperado, luz que nace
De las entrañas de una pistola disparando en la oscuridad,
Presagiando algo siniestro tras el trueno asesino.
Tras la centella, perdiste el aire de los pulmones,
El plomo comprimiendo tu carne, huesos y alma.
Sonríe, relamiéndose una cicatriz en el labio superior,
El cañón de su arma humeante, sus manos esqueléticas,
La locura virulenta repiqueteando en lo negro de sus ojos.
Fuiste enterrada en su jardín trasero, junto a su esposa
Y junto a su hija, tu hermana, muertas ese mismo día.
Tu padre, delgado, pálido, extasiado de horror y sangre,
Te guardó para el final, dispuesto a disfrutar triunfante
Tu último llanto.
Y vaya que lo disfrutó.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
viernes, 1 de enero de 2016
Con mi Cama Basta y Sobra
No necesito mujeres
Que me amen y cuiden,
Con mi cama basta y sobra:
¿Para qué buscar abrazos,
Cuando tengo mis frazadas?
No me hacen falta besos,
Porque tengo los susurros
Suaves de mi almohada.
Ya no quiero pechos ni pezones,
Ni sexo listo y ardiente,
Porque lo único que voy
A lamer y penetrar,
De ahora en adelante,
Serán mis sueños cuando duerma.
Con mi cama basta y sobra,
Ella me ama y yo la amo,
Nos fundimos en sensual lazo
Cada vez que me acuesto.
Por la mañana no quiero dejarla,
Por la mañana no quiero perderla,
Y estoy seguro que ella siente igual.
Mi colchón es cuanta aceptación quiero:
Se adapta a la forma de mi cuerpo,
No rechista, ni quiere cambiarme,
Me toma tal cual soy, me deja ser,
No espera de mí más de lo que doy.
Y yo no exijo más allá de lo que da.
Con mi cama basta y sobra,
Es mi futuro, presente y pasado,
No hay otra cosa en que piense de día,
No hay nada más que añore en la tarde.
Mi cama, ahora y siempre, será mi pasión.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
martes, 22 de diciembre de 2015
Lobos
Evité escribir por varias semanas,
Escapando de palabras tormentosas
Que rondaban como lobos por mi mente.
Idiota fui, que olvidé lo obvio:
Cuando no se escribe poesía,
Se vive la poesía.
Perdí mi esencia en esos días,
Olvidé cómo tener gravedad,
Dejé de respirar el mismo aire que los demás.
Cuando no se escribe poesía,
Se sangran los versos.
Los lobos me acechaban por la noche,
Me acosaban durante el día,
Invadían mis sueños y los tornaban espinas.
Cuando no se escribe poesía,
Se lloran las rimas.
Subí de peso, bajé banderas,
Caí en remolinos de desesperanza
Y quebré mi nariz más de lo debido.
Cuando no se escribe poesía,
Se muere la poesía.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Escapando de palabras tormentosas
Que rondaban como lobos por mi mente.
Idiota fui, que olvidé lo obvio:
Cuando no se escribe poesía,
Se vive la poesía.
Perdí mi esencia en esos días,
Olvidé cómo tener gravedad,
Dejé de respirar el mismo aire que los demás.
Cuando no se escribe poesía,
Se sangran los versos.
Los lobos me acechaban por la noche,
Me acosaban durante el día,
Invadían mis sueños y los tornaban espinas.
Cuando no se escribe poesía,
Se lloran las rimas.
Subí de peso, bajé banderas,
Caí en remolinos de desesperanza
Y quebré mi nariz más de lo debido.
Cuando no se escribe poesía,
Se muere la poesía.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Grueso Calibre
Ni disculpas ni adioses,
No hay delicadezas
Ni nada que sea sacro.
El silencio repentino
Después de la balacera
Acalla cualquier lamento
Que yo pueda emitir.
De mis heridas brota polvo,
De mi boca, polillas,
De mis ojos, barro negro.
Yazco herido en una vereda
Bajo el peso de un abandono
De grueso calibre.
Yazco muerto como un perro muerto,
En la vereda de una ciudad muerta.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
No hay delicadezas
Ni nada que sea sacro.
El silencio repentino
Después de la balacera
Acalla cualquier lamento
Que yo pueda emitir.
De mis heridas brota polvo,
De mi boca, polillas,
De mis ojos, barro negro.
Yazco herido en una vereda
Bajo el peso de un abandono
De grueso calibre.
Yazco muerto como un perro muerto,
En la vereda de una ciudad muerta.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
lunes, 30 de noviembre de 2015
Vida Sincera
No puedo dejar que mi boca se quede callada,
Tengo una cierta compulsión a la sinceridad,
Y mientras tenga un sentimiento dentro de mí,
La voy a echar fuera, sea erupción magmática,
Brisa de luces, chaparrón gris de melancolía,
O el gorjeo dulce de la tierra remeciéndose.
Tengo vida en mi interior, lo quieran saber o no,
Y así como me cuesta mantener cerrado el pico,
También me es difícil no desabrocharme el pantalón,
No buscar mis pantuflas cuando llego a casa,
E incluso no desear ensalada al almuerzo.
Llámalo instinto animal, impulso irreflexivo,
O cómo quieras categorizar mi conducta,
Yo seguiré diciendo que esto es amor puro.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Tengo una cierta compulsión a la sinceridad,
Y mientras tenga un sentimiento dentro de mí,
La voy a echar fuera, sea erupción magmática,
Brisa de luces, chaparrón gris de melancolía,
O el gorjeo dulce de la tierra remeciéndose.
Tengo vida en mi interior, lo quieran saber o no,
Y así como me cuesta mantener cerrado el pico,
También me es difícil no desabrocharme el pantalón,
No buscar mis pantuflas cuando llego a casa,
E incluso no desear ensalada al almuerzo.
Llámalo instinto animal, impulso irreflexivo,
O cómo quieras categorizar mi conducta,
Yo seguiré diciendo que esto es amor puro.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Después de la Marcha
Después de la marcha, miedo:
Se dispersaron los nobles estudiantes
Y asomó el monstruo sin cabeza,
Sin cerebro, sin piel que ceda en la herida,
Aullando entre dientes de metal,
Desgarrando con colmillos de huracán;
Afloran los matarifes y los paladines,
Jugando a establecer el orden, algunos,
Jugando a romper cráneos los otros.
Con el fuego de los tigres dispararon
Los guanacos, hermosos y aberrantes,
Cayendo como rayos negros los balines
De goma furiosa, espasmódica y brutal,
Mientras las piedras terribles orbitaban,
Peligrosamente, junto a las cabezas
De transeúntes y blindados carabineros.
Gritos y alaridos de guerra, que eran
Como pendones sangrientamente orales,
Proferidos entre los semáforos caídos
Y la señalética pública destrozada.
Las farmacias convertidas en búnkeres,
Ferreterías en trincheras convulsionantes,
La Alameda vuelta un fértil campo
Cuyas únicas semillas son el pánico,
El rencor, la violencia, y la sangre derramada.
Después de la marcha, las noticias:
Toda la escena accesible a los ojos ávidos
Del televidente en su cómodo sillón,
Que se horroriza y espanta visiblemente
Mientras critica la lucha, olvidando
Que alguna vez también fue guerrero.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Se dispersaron los nobles estudiantes
Y asomó el monstruo sin cabeza,
Sin cerebro, sin piel que ceda en la herida,
Aullando entre dientes de metal,
Desgarrando con colmillos de huracán;
Afloran los matarifes y los paladines,
Jugando a establecer el orden, algunos,
Jugando a romper cráneos los otros.
Con el fuego de los tigres dispararon
Los guanacos, hermosos y aberrantes,
Cayendo como rayos negros los balines
De goma furiosa, espasmódica y brutal,
Mientras las piedras terribles orbitaban,
Peligrosamente, junto a las cabezas
De transeúntes y blindados carabineros.
Gritos y alaridos de guerra, que eran
Como pendones sangrientamente orales,
Proferidos entre los semáforos caídos
Y la señalética pública destrozada.
Las farmacias convertidas en búnkeres,
Ferreterías en trincheras convulsionantes,
La Alameda vuelta un fértil campo
Cuyas únicas semillas son el pánico,
El rencor, la violencia, y la sangre derramada.
Después de la marcha, las noticias:
Toda la escena accesible a los ojos ávidos
Del televidente en su cómodo sillón,
Que se horroriza y espanta visiblemente
Mientras critica la lucha, olvidando
Que alguna vez también fue guerrero.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
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