lunes, 31 de marzo de 2014

Tacataca

Seductores ejércitos de humanos en miniatura, con maderas exquisitas como cordilleras que rodean el verdor artificial de su pasto invisible e infértil. Sus cilindros espaciales con su metal  quimérico sostienen a esas efigies casi religiosas, con sus cuerpos de camiseta abanderada. El magnetismo de esas pelotas, que son más bien frutos afrodisíacos, disparan el furor y la manía por mi garganta usualmente mansa y calma. El temblor de manos, los ojos ávidos, con ansia de violencia, de reventar con campanazos infernales lo arcos de marfil hasta remecer sus cimientos. El éxtasis frenético se derrama como ambrosía divina por todos mis poros, embriagándome y violándome, hasta que desaparece mi carne y mis huesos, para dejar en su lugar a una bestia furibunda, un caballo demoníaco, un espíritu de éter y piedras. El último gol se sucede con una velocidad imposible, y mi alma se ahoga instantáneamente, sofocando hasta la última llama de pasión, devolviéndome las facultades racionales, mi autocontrol, entregándome los dientes molidos, los pulmones vacíos, y las energías prostituidas. El juego es un viaje épico hasta mi autodestrucción y hacia el sueño salvaje de mi reencarnación.



Autor: Felipe Guzmán Bejarano

El Dios vuelto Hombre

Si los seres humanos fuimos creados
A imagen y semejanza de Dios,
También puede pensarse que éste
Se parece en gran medida a lo que es el hombre.

¿Por qué no pensarlo un poco mejor?
¿Podrá ser posible que Dios tenga mocos en la nariz?
O más aún,
¿Tendrá un poto con el cual sentarse en su trono de nubes?

Seguramente Dios debe tener rabietas de vez en cuando,
O algo parecido.
Quizás pueda padecer de infecciones renales,
O incluso ser portador del VIH.
Uno nunca sabe, con los dioses todo se puede.

Pero si Dios se parece a nosotros los hombres,
Podríamos pensar que pasó por el Complejo de Edipo,
Que tiene erecciones por las mañanas
Y sueños húmedos de vez en cuando,
O algo que se le asemeje.

Nietzsche tenía razón,
Dios está muerto,
Porque por ser hombre, también muere.
Pero por lo mismo, también nace.

Dios se corta las uñas los fines de semana,
Compra el pan en la esquina,
Se ducha, se limpia las axilas y se lava el pelo.

Dios disfruta del manjar,
Va a las hamburgueserías y a los prostíbulos.
Trabaja de lunes a viernes,
Algunas veces hace turnos de noche,
O trabaja de recolector de basura.

Por suerte para mí,
Yo no creo en un dios como ése.
Pero de poder leer ésto,
Estoy seguro que Dios lo haría
Sentado en la banca verde de alguna plaza,
Con una sonrisa socarrona en su rostro.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

La Muerte a Caballo anda

Ahí donde se cuece la pena,
En esa garganta amoratada,
En ese pecho desnudo
Es donde vive la muerte.
Disfrazada de nudo y de amarra,
Vestida con los pétalos
Azules de la amargura,
Vive la muerte disparando
Fantasmas y cicatrices.
Ahí donde se forjan los llantos,
En ese corazón negro como carbón
Que es la tristeza,
Anda la muerte a caballo,
Pisoteando como el trueno
Con sus cascos de metralla.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

viernes, 28 de marzo de 2014

La no-Mujer

A mi corazón entró una mujer,
Que no es una mujer propiamente tal.
Es un ángel de alas plateadas
Que irrumpió en mi pensamiento con su color celestial.
No es tampoco un ángel, no.
Es más bien una hermosa doncella
Que bajó de las estrellas
Hablando sin usar palabras
En una lengua olvidada,
Propia de dioses, de árboles,
De lejanas campanadas.
Pero tampoco es una constelación.
¿Qué sé yo? Es quizás un felino,
Con su melena de fuego y sus dulces modales,
Sus ojos ardientes, ¡Seguro que es un minino!
Por la forma en que se mueve y se menea,
Podría ser en verdad un gato que ronronea.
¿O será una ilusión de amanecer?
¿Una bella fruta pronta a desaparecer?
¡Diría yo que es una hechicera,
Por la forma en que me encanta de mil maneras!
¡Supiera yo lo que es esta caracola mítica,
Esta canción especial, esta flor magnífica!
Pero aún si llego a dar con su especie y procedencia,
¿Podría entender y tocar su dulce esencia?


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

miércoles, 26 de marzo de 2014

Perseverando

Cada día damos un paso hacia adelante,
Y se nos da la opción siempre de retractarse
Y retroceder otros dos.
Cuesta sostener la determinación,
Es difícil mantener el rumbo.
Pero las voluntades fuertes nos han dado una lección
Sobre cuanto podemos lograr
Si cada día damos un paso hacia nuestros sueños.
Al fin y al cabo, será nuestra fe la que nos hará andar,
Escuchar, hablar, sanar nuestra piel y resucitar.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

La pequeña tristeza diaria

Caminar frente a la iglesia, y tener pensamientos culpables.
Ese dolor de pies que insiste en apretar tus zapatos.
El mal olor de un cubo de basura lleno de deshechos.
El frío matutino y su oscuridad relativa.
El calor pegajoso en tus pantalones.
Un paseo corto frente a una plaza vacía.
Notar la ausencia de árboles en las calles.
Un perro vago abrazado por un mendigo.
Una mujer con ceguera, fingida o auténtica, pidiendo dinero.
Multitud de hombros de personas desconocidas a tu lado.
La música que escuchas sin prestarle atención.
El periódico aburrido, las noticias de muertes y asesinatos.
La televisión basura, la comida chatarra, los vegetales.
Las manos escondidas autistamente en tus bolsillos.
Todo esto y más es,
Para bien y para mal,
Lo que contribuye incesantemente
A la pequeña tristeza diaria
Que nos envuelve durante años,
Sin que nos demos cuenta.
Hasta que es demasiado tarde,
Y la rutina se rompe con una lágrima.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

martes, 25 de marzo de 2014

Cómo llegué a ser Rey por un día y terminé en la guillotina

De tarde en tarde
Doy vueltas por las calles de piedra
Callejones llenos de maricones
Cervezas con nombres Franceses
Que cuestan el triple
Y no sacian mi sed

O me pierdo entre facultades
Buscando aquel saber
Que no vende ni viste
Terno y corbata
En esos edificios aromatizados
Con marihuana barata

Al caer la noche
Busco de local en local
Un letrero con luces de neón
Que diga welcome
Algo de calidez
Frente a la histeria de los idiotas

Reemplazo un abrazo
Con una paja
Antes de cerrar los ojos
Cuando mi espalda ya no tolera
Mi postura ni mi vergüenza
Y duermo
No sé si tranquilo
Pero al otro día despierto
Con energía para repetir
Esta rutina

Autor: Fernando Hormazabal Bello