lunes, 3 de abril de 2017

El Coloso

La bestia
Lo toma todo
Sostiene
Con sus garras
El aliento
De sus víctimas
No da cuartel
Ni respeta
Asilo alguno
Consume
Devora
Con sus fauces
Hondas
Como lagunas
Se lo lleva
Todo
A bocanadas
Con fuerza de
Huracán
Chupa pezones
Cual aspiradora
Succiona sexos
Con furor
Veloz
Beligerante
Penetra la mente
Domina
No hay secretos
Todo es suyo
Nadie es
Nada
Ante sus ojos
Hipnóticos
Y su voz
Terrible

El coloso
Se alimenta
De miseria

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Aseo

Me gusta limpiar mi retrete,
Es una forma práctica
De lidiar con mi propia mierda.

Cuando la taza queda impoluta
Una sensación de orgullo me llena,
Como si limpiara mi consciencia.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

domingo, 2 de abril de 2017

La Isla

Entre el agua y el calor vino.

La muerte vino de visita.

Con sus cachos enormes,
Sus patas oscuramente torcidas,
Su sonrisa dulce y helada,
La muerte vino a vernos a la isla.

Obviamente nos asustamos.

Pensamos que la habíamos dejado atrás.

Algunos de nosotros gritamos,
Otros se hicieron pipí encima.
La mayoría corrió a la casa que teníamos.
Pero unos pocos le sostuvieron la mirada.

La muerte mostró sus dientes, se rió.

De debajo de su túnica saco flores,
Jarros con mermelada
Y regalos para cada uno de nosotros.
Vino a la isla a hacer las paces.

Nos abrazamos con la muerte.

Jugamos al pillarse con la muerte.

La hicimos pasar a la casa,
Le dimos un puesto en la mesa,
Comimos frutas y degustamos la mermelada.
A la noche la dejamos dormir en nuestras camas.

Iban pasando los días, la muerte se fue quedando.

Usaba palabras bonitas,
Nos daba besos en las mejillas y en los labios.
A veces nos tomaba de la mano
Y nos llevaba a rincones lejos en la isla.

Uno a uno, poco a poco, empezamos a amar.

Empezamos a querer intensamente a la muerte.

Ya había pasado un mes desde su llegada.
Respirábamos el mismo aire, casi.
Nuestro pensamiento daba vueltas sobre sí mismo,
Y la muerte parecía mariposa esos días.

Hizo entonces una proclamación.

Nos dijo que dejáramos la isla,
Que fuéramos con ella a su castillo de caballos,
Donde el fuego nunca es fuego
Y donde el tiempo desaparece de los relojes.

Su forma de hablar despertó dudas entre nosotros.

Nos corrió un escalofrío, abrimos los ojos.

Abrimos los ojos y la muerte ahí estaba,
Abierta de piernas, sus huesos como estacas,
Vomitando alquitrán y chasqueando la lengua.
Nuestra amada ya no era, volvimos a gritar.

La muerte volvió a reír mientras nos echábamos a correr.

A la mañana siguiente, dejamos atrás la isla.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano.

lunes, 27 de marzo de 2017

Muchachitos

Tan valientes que parecíamos,
Jugando con nuestras máscaras,
Cuando no fuimos más
Que dos muchachitos cobardes.

No sé cómo terminé perdiéndome:
Sólo quise recorrer el camino
Que llevaba al otro lado de las cosas,
Y traerte un par de camelias que allí crecían.

Pero el punto es que vagué,
O quizás el punto es que no hay punto.
No lo sé ni creo que llegue a saber.
Entre tanto engaño no discierno verdad.

Ahora ando por los bordes,
Lejos de todo posible centro de nada,
Con mi máscara en la mano izquierda
Y un par de camelias en la diestra.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

viernes, 24 de marzo de 2017

Deliria

Delia y las sombras del recién nacido en su mirada
Delia en la noche de las calumnias fosforescentes
Delia mas Delia en la encrucijada de la delicia y la tortura

No más Delia que no llore ni ría ni cante ni muera
Delia sólo Delia en la inmensidad de su soledad
Delia y el recién nacido luchando entre sí por carne

Delia y el verbo de la sanación que nunca fue
Delia podrida dentro de su demoníaco vientre
Bendita la mente Delia bendita la frente y la luz

Delia sangrando por todos sus poros
Delia pariendo refulgencia de piedras
Cristales incrustados Delia trizado cuarzo

Delia el recién nacido y la leche de magia negra
El chamanismo Delia en tus alas de cormorán
Delia Delia no eres Delia sino Delia de Lia

Fuego ostia altar secreto condena castigo bomba cruz
Delia tus huesos Delia
Cuna también refugio sepulcro nacimiento Delia

Delia la camisa de fuerza Delia
Las preguntas el escrutinio la persecución de perros
Delia tu cola Delia no olvides tu cola y biberón

Delia las mil patas de araña tras tus ojos
Delia el hedor a cucarachas en tu boca
Delia el cuchillo Delia el matamoscas la mosca

El grito
Delia
El grito

El recién nacido Delia tu cola
El llanto de la bestia Delia
Delia y los días de 42 horas


Autor: Felipe Guzmán

Autosabotaje

Nunca deja de sorprenderme
Todo lo imbécil que puedo ser:
No sé cómo llego a olvidar
Que toda buena acción trae castigo.

Hay cosas obvias que paso por alto,
Como que si alguien sale de la ciudad
Significa que ya no está en la ciudad;
O que si me miran directamente,
Es probable que puedan verme.

Me irrita mi lentitud mental.

Y la lentitud de corazón, ¡oh!
¡Ahí me entran rabias locas!

Idiotez emocional, como olvidar
Que si me refugio en la noche
Terminaré con escamas de tinieblas.

Estupidez de sentimientos,
Como añorar un abrazo de espinas
O una corona de sangre propia
Como signo de santidad.

¡Si es que a mí me pagan por tonto!

Debería dedicarme a buscar un proxeneta
Que pueda venderme como sadomasoquista.
De seguro terminaría agradecido
De quienquiera que sostenga mis cadenas
Con firmeza, insensibilidad, y erecciones.

¡Besaría el piso de mi propio asesino!
Y le pagaría a sicarios para que fueran
A llevarme al otro patio de la existencia.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

lunes, 20 de marzo de 2017

Mkela Kemé

Uay mkela tuallimiri me yelle,
Mkelat mamiyselliri dakelle

Sirapa atié.

Ek ilaye ullt. 

Sirannat emke simé.

Soy el niño que posee lágrimas piedras,
El niño de las enroscadas piernas serpientes.

Vean el agua.

Cómo cae de mí.

Hijo del mar tormentoso.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano