miércoles, 1 de octubre de 2014

Este no es un poema más

La delicadez dejó de ser una palabra
Y se convirtió en carne ahí en tus labios.
Podría repetir una y mil alabanzas
Sobre la inmortalidad de tu mirada,
Y aún así no le estaría haciendo justicia
A tus zafiros negros de dura belleza.

Suelta tus miedos al viento,
Déjalo fragmentar tus miserias,
Y nacerás por vez primera
Como una mujer de piel y verbo.

Transmutas el oro en plomo,
Y lo disuelves en mariposas
Con tus ritos oceánicos
Rebosantes de besos y cochayuyos.
¡Es por tu voluntad el cielo!
¡Por tus prodigios es que hay lluvia!

Hay lluvia en los caminos,
Diluvios en los corazones,
Todo por tu inocencia de Pincoya,
Y tu ilusión que me desarma.

Me sumerjo en ti cada día
Por el simple arte de la conversación,
Gracias a tu magnetismo espontáneo
Y a mi condición de polilla enamoradiza.
Me hundo en mi propia pasión,
Y en los arrecifes de nuestro dolor compartido.

¿Qué será de ti el día de todos los santos?
¿Por dónde harás salir el sol ese día?
A este ritmo iremos a parar a una plaza,
Una que sea capaz de contener tu calor.

Si logro abrazarte con firmeza,
Y no llegas a deshilacharte ipso facto,
Moriré de la emoción imbuida en mis brazos,
Y de la que habrá de golpetear en mi pecho
Pensar que te quiero es todo lo que necesito,
Más allá de eso no hay nada más.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

martes, 30 de septiembre de 2014

Nueve frases de cariño

Honda, te me vienes a la mente como un delirio de flores de cristal, rompiéndose en el silencio más hondo de los universos. Hondas, tus palabras me sacuden lo mismo que me nutren, me encabritan lo mismo que me funden, tus hierros alquímicos que usas por voz. Leve, como si pudiera levantarte con el meñique y romperte con un abrazo, diminuta en la cintura y enorme en el corazón. Leve, como pez traslúcido que filtra la luz en escamas de brillo fino. Triste, como la niña de un cuento breve y triste. Delicada en demasía, diosa en llanto de tanto en tanto. Fragante, llenando el espacio vacío de ti como si fueras omnipresente, o como si yo un demente.

Honda, te pienso recostada a mediasombra, bebiendo del aire una espiral tras otra del vapor más blanco, del calor más santo. Espirales del carbón y del canto.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Sonsón

Comprando libros a diestra y siniestra,
Ansiando el beso de la sangre,
Me deshojo en un lento rumiar.

Huyendo de las trompetas salvajes del fuego,
Parpadeando a intervalos desiguales,
Me desdoblo en siluetas de mar.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

domingo, 28 de septiembre de 2014

Dícese del amor que es eterno

Nuestros corazones se entrelazan
Formando constelaciones.
La linea invisible que nos conecta
Durará más allá del tiempo.
Será el cordel blanco
Que unirá todas las cosas
En un abrazo de estrellas.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Desaparecida

El tiempo se nos va
Como el pelo de la cabeza,
O como el calor de nuestra mesa.
Se nos va de a poco,
Como se borran las caricias de la piel.
Ayer te conocía,
Hoy no te dejas ver.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

martes, 23 de septiembre de 2014

"Viento Profundo"

Que caigan los fuegos del cielo,
El hombre será hombre y leal.
Aunque yo sea un niño de mar,
Y se me ancle el alma en la gente,
Los siete besos de la sangre arderán
Por las entrañas de quienes me oigan
Cantar en la lengua más arcaica del viento.
Shalsim, ah, shalsim, oh. Shalsim moirut.

Autor: Felipe Guzmán

Maniquíes

Me enferman los maniquíes,
Con sus plásticos sugerentes,
Y su postura de orgullo europeo.
Son cadáveres socarrones
Que juzgan nuestras figuras
Como si dioses de las artes
Y mascarones de proa y hielo.
Su desnudez me irrita,
Me hinchan las venas del cuello
Y estiran mi mirada inevitablemente.
¡Los maniquíes no necesitan senos gigantes!
¡Que alguien nos libre de sus protuberancias!


Autor; Felipe Guzmán Bejarano