Hallé una ventana hacia el pasado,
Una abertura hacia tiempos más helados,
Un horizonte más oscuro que esperanzado.
La tinta de los corazones se derramaba
Por unas heridas hechas al filo de la luna
En la piel de una tristeza vuelta ovillo.
¡Ay, la tristeza, Dios mío!
Con su carita toda envenenada,
Con sus ojitos todos obnubilados.
Se me apretó el pecho,
Se me lloró el silencio.
Se me quebró la voz,
Se me murió el secreto.
¡Ay de la tristeza!
¡Ay de la negrura!
Que pareciera doblarse sobre sí misma
Como papel en lentos pliegues.
El vientecito esparce su sombra vil
Por sobre el nudo de la tristeza.
Pareciera quemarse en las lágrimas,
Hace cortes profundos en sus mejillas.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
La Vida Nace de Mí ~ Es un proyecto que recolecta las creaciones artísticas y reflexiones del poeta chileno Felipe Guzmán Bejarano, y que cuenta con las colaboraciones ocasionales de sus amistades. Las emociones y su profundidad infinita son un universo por descubrir, y el autor invita a sus lectores a embarcarse en la aventura, a veces deleitante, otras tantas terrorífica, de conocer el contenido del propio corazón.
lunes, 8 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
La Oscura de los Noviembres
Esa mujer era como la perfección:
Inalcanzable.
Arrastraba a los incautos y los hundía,
Gastaba vidas como servilletas baratas.
Era un torbellino de oro fino,
Desbarataba corazones como chatarra,
Y después de desnudarlo a uno
Lo arrojaba a calderas y hornos.
Tenía más curvas que una serpiente,
Era fría al tacto, escamada en los pezones,
Con labios en los ojos y más allá de ellos.
Venía del futuro que queda más lejos que el polvo,
Más lejos que los ríos de estrellas,
Más lejos que el orgullo y que la esperanza.
Era cruenta, era esquelética en sus besos,
Pero había un algo de pajarillo perdido en su voz,
Como una niña llorando en su corazón.
Me convencí, años después,
Que ella debe haber estado desorientada,
Buscando un poco de calor, un poco de alcohol,
Pero deambulando erradamente
Por entre el sexo y el silencio de un cigarro encendido.
Las noches en que ella caminaba acompañada,
Esas eran las noches en que no había ni luna ni sol.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Inalcanzable.
Arrastraba a los incautos y los hundía,
Gastaba vidas como servilletas baratas.
Era un torbellino de oro fino,
Desbarataba corazones como chatarra,
Y después de desnudarlo a uno
Lo arrojaba a calderas y hornos.
Tenía más curvas que una serpiente,
Era fría al tacto, escamada en los pezones,
Con labios en los ojos y más allá de ellos.
Venía del futuro que queda más lejos que el polvo,
Más lejos que los ríos de estrellas,
Más lejos que el orgullo y que la esperanza.
Era cruenta, era esquelética en sus besos,
Pero había un algo de pajarillo perdido en su voz,
Como una niña llorando en su corazón.
Me convencí, años después,
Que ella debe haber estado desorientada,
Buscando un poco de calor, un poco de alcohol,
Pero deambulando erradamente
Por entre el sexo y el silencio de un cigarro encendido.
Las noches en que ella caminaba acompañada,
Esas eran las noches en que no había ni luna ni sol.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
sábado, 6 de septiembre de 2014
Receta
Nunca le digas a una mujer que tiene la mirada de un burro retrógrado enamorado, por mucho que la dama en cuestión sea una vieja desgraciada. Siempre que veas algo blanco empieza a hablar de estrellas o de flores, a menos que carezcas de compañía inmediata, en cuyo caso es mejor sostener el silencio. Arremangarse las mangas es un acto de nobleza, sobretodo si es que se manipulan minerales o cubiertos de plata. No te avergüences de tu propia desnudez, limpia tu nariz, practica la magia de ser ambidiestro. Inventa diez sueños nuevos por noche, y vive de revés si es que eso te llevará más lejos.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Fango Mental
Encendida la lámpara de las ilusiones
Arroja sombras e insectos multicolores
Más allá de las paredes del incienso
El aguacerillo dentro de la cocinilla
Está empapando todos los plumeros
Y los sapos lloran con su croar grave
Como si las cerámicas fueran pantano
Creo que la bruma es muy fuerte
Y el rocío se me antoja diminuto
Flores frías se esparcen por la niebla
Y me acuchillan sus pétalos si me descuido
El aire pegajoso con su aroma a caracol
Se enrosca como vendajes apretados
En mis pantorrillas y en mis pulmones
Oigo por sobre la cacofonía siniestra
Del insistente crocrocró y cricricrí
El agudo pitido de mi tetera que hierve
Y recuerdo que sólo son telarañas mentales
Un fantasma me susurra al oído en arameo
Y lo destierro al vacío con mi taza de té
Al tiempo que esfumo con un ademán
Las sanguijuelas que flotaban cerca mío
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Arroja sombras e insectos multicolores
Más allá de las paredes del incienso
El aguacerillo dentro de la cocinilla
Está empapando todos los plumeros
Y los sapos lloran con su croar grave
Como si las cerámicas fueran pantano
Creo que la bruma es muy fuerte
Y el rocío se me antoja diminuto
Flores frías se esparcen por la niebla
Y me acuchillan sus pétalos si me descuido
El aire pegajoso con su aroma a caracol
Se enrosca como vendajes apretados
En mis pantorrillas y en mis pulmones
Oigo por sobre la cacofonía siniestra
Del insistente crocrocró y cricricrí
El agudo pitido de mi tetera que hierve
Y recuerdo que sólo son telarañas mentales
Un fantasma me susurra al oído en arameo
Y lo destierro al vacío con mi taza de té
Al tiempo que esfumo con un ademán
Las sanguijuelas que flotaban cerca mío
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
jueves, 4 de septiembre de 2014
El inicio de los finales
Con una nueva flor en mi bolsillo
Y una primavera en el corazón,
Un poco más abajo de mi cordura
Encontré una luz de sinrazón.
Estoy ardiendo cual papelillo
En la bruma de esta canción,
Mis labios y brazos en apertura
Esperan deseosos la bendición.
Supe de un rostro sencillo
Incapaz de cualquier traición,
Proponía dulcemente una cura
Para lo que yo creí sin solución.
Ahora aparece el muy pillo,
Aquel carnaval de pasión,
Sujetado el amor por la cintura,
Y soltando al viento la ilusión.
La puerta abierta y sin pestillo
Invita a entrar a la gran emoción.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Y una primavera en el corazón,
Un poco más abajo de mi cordura
Encontré una luz de sinrazón.
Estoy ardiendo cual papelillo
En la bruma de esta canción,
Mis labios y brazos en apertura
Esperan deseosos la bendición.
Supe de un rostro sencillo
Incapaz de cualquier traición,
Proponía dulcemente una cura
Para lo que yo creí sin solución.
Ahora aparece el muy pillo,
Aquel carnaval de pasión,
Sujetado el amor por la cintura,
Y soltando al viento la ilusión.
La puerta abierta y sin pestillo
Invita a entrar a la gran emoción.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Espiral
La luz que la recorre es de un sol que no circula por los cielos,
Es el sol de la tierra, el sol de las flores de fuego y de las rocas.
El sudor como sangre invisible corriendo por su carita despierta,
La mirada livianamente fija en lo azulado del horizonte austral,
Piensa. Está pensando en ir al borde del mar. Cuando haga frío.
Cuando sea de noche. Cuando esté sola en las calles empedradas.
Está cansada del olor a neumático quemado, del pan rancio,
De la indiscreción con que la miran las gaviotas, alas de nube.
Hay una foto que vibra en sus manos como por encanto incaico,
Y la mujer se pone a rezar por detrás de la cortina de lágrimas.
Sus negras pestañas tiemblan un poquito, suspiran volutas blancas
Como escupiendo penas del infierno a lo más alto de Altarahiza.
Ella ve un fantasma correr en la playa. Su hijo no está ahí.
Autor: Felipe Guzmán Bejarano
Un hombre le pega a otro hombre
Digo haberme encontrado a mí mismo,
¿Pero en dónde habré de encontrar a los otros?
Con la fuerza de esta lluvia no se puede ver,
Ni respirar.
Ni respirar un minuto de aire se puede.
Quisiera parar el goterío indiscriminado con mis manos,
Dejar de oler la humedad derramada tan violentamente.
Este frío me lo explico por lo puntudo de los paraguas,
Que son metracas heladas con balas grises.
Sí, los paraguas me dan escalofríos.
Y se me vuelve hielo el corazón,
De una gelidez tan inmensa
Que me tuerce el pecho en venenos gélidos
Con sus latidos maléficos.
El viento conjura arañas sin tela en los chalecos viejos,
Las nubes invocan telas sin araña allá en la noche lejos.
Digo haberme encontrado a mí mismo,
Pero perdí mi imagen en un espejo.
Autor: Felipe Guzmán
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