sábado, 7 de junio de 2014

Canción Nueva

Voy a elevarme por sobre el firmamento,
Quiero poner una nueva estrella en el cielo.
Seré más y más hidrógeno en combustión,
Manos microparticulares en erupción
Expulsando calor como quien mira al horizonte.
Seré blanco como la vida, blanquísimo,
Con mis 80 navajas luminosas de alabastro.
Seré grande en el infinito mar de nebulosas,
Y haré girar el polvo estelar de mis alrededores.
La constelación de una sola estrella, me han de llamar,
Que ha de mostrarte el norte verdadero de nuestra tierra.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

viernes, 6 de junio de 2014

Bailamos cual flor nocturna

Un cielo negro con olor a Junio,
Estrellas dibujando sarcófagos,
Serpientes y leones en Santiago.
Pero nada de esto nos toca,
El frío se escapa de mi corazón abierto,
Y las risas son nuestra respuesta
Al siseo insistente de los puñales del otoño.
Unas horas de felicidad
Es todo lo que construimos ayer
En la suavidad crepitante de la amistad.
Fuego sin quemaduras es lo que deja
La conversación embelesante con los amigos.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

jueves, 5 de junio de 2014

Los vientos de la vida usan anteojos

A Patricio Cancino: quien supo encontrar soles en cavernas,
y supo ser luz en las tinieblas.

Nubecita andante de la cual brotan los vientos como espadas de sinceridad,
Brisa creativa que meces con suavidad las flores de mis campos sencillos,
¡Trueno! ¡Hijo de la lluvia tropical! ¡Chaparrón de risa y destello de alegría!
Hombre que ha sabido llorar hasta la última de las nieves estelares,
Tuyo será el mañana, tuyas serán las papayas revoloteantes de nuestros corazones.
Aunque haya quienes te traten como una vil rata, no dejes de comer buen queso,
Y no olvides que eres explorador y aventurero, señor del horizonte,
Descubridor incansable de la fortuna y el amor dorados de los cordilleranos.
Halcón de alas brillantes, muéstranos el cielo que hemos de surcar,
No dejes nunca de ser río y ser campana para los sedientos y los faltos de fe,
No abandones nunca el sendero de las balanzas y los besos bienhechores.
Cuida esa sonrisa de alabastro, ¡pero siémbrala en los campos sencillos!
¡Siembra siempre con el corazón en el puño y tu gran alma en los tobillos!
Vive como cascada en retirada, es decir, como mar desafiante de barrancos
Que anhela alcanzar la más alta de estas montañas hasta convertirse en soplo,
¡Ay sí!, en soplo entero de un dios fecundo y generoso, ¡en su soplo blanco, ay sí!

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

martes, 3 de junio de 2014

Negrita Bonita

Morena, eres una estatua en tu belleza,
Adivino una sonrisa azul cuando te veo.
Dame mar, dame viento para cantar,
Dame un cuerpo para acurrucar.
Morena, eres una nube por tus contornos,
Me embebo de tus palabras sinceras.
Dame mar, dame cuentos para soñar,
Dame un cielo para volar.
Morena, morena pelo nocturno, morena.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

lunes, 2 de junio de 2014

Los meses del silencio tienen forma de disco

El silencio es una rueda negra de nieve,
Redondela grande que se traga las aguas
Por ahí en donde se adivina su perímetro oscuro.
Ballena de polvo es el silencio, vacío del destierro,
Vasija del desierto, vagina del desvío
Por el que todo se ennadece en esquirlas de invierno.
El círculo del olvido es la tristeza del silencio.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

domingo, 1 de junio de 2014

¡Es tan lento el olvido!

Aún te veo en las cuerdas de las guitarras,
Y los versos de Rojas, eróticos y románticos,
Hablan de tus maderas aromáticas.
Todavía te busco por las calles,
Ahí, tan otoñal te imagino.
Los jacarandás me entristecen,
Todavía recuerdo esos días sin nubes.
De a poquito he ido quitándome tus fuegos,
Pero aún duele mi quemado corazón.
¡Es tan lento el olvido!
¡Desespera su toque invisible!
Anestésienme la memoria,
Para no llorar al pensar en tus ojos,
Largas esmeraldas de mar.
Puedo decir que te extraño,
Que me hace falta tu cariño y tu palabra,
Pero ya no te quiero,
No de la misma forma al menos.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Tanto tonto suelto

No alcanza a desbocarse el corazón
Entre tanta cascada asfixiante,
De tanto que el asfalto se anega
Con sus barros de porfía y celos.
La capital licuará las almas de los buenos.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano