martes, 15 de abril de 2014

Dominique

Dominique se sacudió,
Desnuda sobre su cama.
Con los dedos se acarició,
Como una flor se deshojaba.
Por su piel se desvaneció,
En su almohada reía y lloraba.
En un sueño se sumergió,
Dominique murió, ya no estaba.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Sin Remordimientos

Uno va cavando su propia tumba con las palabras y las acciones, con el pensamiento más íntimo y con el escrito más público, desde el momento en que uno nace, hasta que la vida se escurre por entre los dedos de unas manos heladas y solitarias. Siempre me he dicho que la muerte no es tan terrible, que no es tan cruenta, porque he visto el lado oscuro de la luna, el lado más triste que pudiera existir. Por eso, sabiendo que mañana estaré a un paso más cerca del mausoleo, quiero dejar bien en claro que no me arrepiento de lo que he dicho: Ni los insultos, ni las promesas rotas, ni las mentiras descorazonadas. 
Pido disculpas a quienes hayan ofendido, ¡Pero no retiro mi palabra! Soy consecuente con lo que alguna vez dormitó en mi pecho, para despertar vociferando en mi garganta y terminar brotando de mis labios como sangre de un dios herido en sus costillas. Muchos escritos los hice sólo para provocar a la gente, ¡Si es que son tan sedentarios, tan acomodados, que hasta me enrabian! ¡Ni el sufrimiento de unos ojos abandonados al borde de una vereda es capaz de despertar su compasión! ¿¡Cómo quedarme de lenguas cruzadas y no decir nada al respecto!? Perdonen todos los ofendidos, los de alta "sensibilidad", pero me paso por la entrepierna su indiferencia y sus actitudes agresivo-pasivas.
En otras ocasiones, sólo quise sacarles una sonrisa a quien tuviera la fortuna, buena o mala, de escuchar lo que tuviera que decir. Las incoherencias, el humor -blanco, negro y a todo color- el chiste que se esconde la cotidianidad misma de nuestra vida de plástico hecho en China. Es mucha la monotonía, sólo quise invitarlos a soñar, a jugar, a inventar soluciones a problemas que nunca existieron (a todo esto, ¿los cangrejos usan cucharas para comer cazuela, o se la toman a sorbitos?).
Hubieron veces en donde quise hacerlos llorar. Sí, muchas veces los quise ver tristes como yo. Las palabras son tan poderosas, que son capaces de multiplicar el dolor de un corazón y prenderlo en el alma de un amigo o un amante con su fuego invisible y perdurable. Sólo el olvido es capaz de matar una pena, pero el olvido es lágrima en sí mismo, y por eso los quise invitar a desempolvar la melancolía. Perdónenme si mi llanto los inundó más de una vez, ¡Pero no me retracto de haberlo hecho!
También los quise enamorar, ¿Para qué nos vamos con cuentos? Quise que encontraran la belleza escondida en las raíces del árbol de la vida, en el árbol humano, en el árbol de las artes y de la magia. Deseé -y deseo todavía- que gobierne el amor por sobre la guerra, el beso por sobre el progreso científico, que el abrazo derroque a la corrupción, y el "te amo" se posicione por sobre los afanes personales y el rencor. Quise enamorarlos, descaradamente, pero no me retracto, no deshago la palabra, no desato el nudo que formé en sus mentes ingenuas y críticas.
A fin de cuentas, sólo quise moverlos y conmoverlos, antes de que la cortina negra se cierna sobre todos nosotros.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

domingo, 13 de abril de 2014

Pornografía

Revistas, páginas de internet,
Conversaciones de pasillo,
Llenas de erotismo oculto:

Parejas homosexuales
Que lamen clítoris y escrotos
Como si de ellos manaran el amor.

Una mujer pálida como un fatasma,
Azotando a un hombre con un látigo negro,
Como si fuera un perro moribundo.

Un hombre mayor, gordo y desnudo,
Masturbándose enfrente de una cámara,
Con perlas de saliva esparcidas en su barba blanca.

Niños llorosos, adulterados,
Que sollozan en silencio
Mientras los obligan a jugar al papá y a la mamá.

Plástico enterrado en orificios
Como lanzas inquisidoras clavándose
En la carne de los pecadores.

No podré borrarme de la memoria
Tantos pezones enrojecidos,
Cerezas duras como la muerte.

Este calor ardiendo en mi pecho,
Al ver cómo se prostituye la intimidad,
Es lo más cercano al fuego del infierno.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

En soledad

Yo también creí tener algo importante que decir,
Que mis sentimientos eran inteligentes,
Que tenia ideas sensibles y originales.
Pero la verdad es que sólo he sido un niño precoz,
Que nunca tuvo frases para el bronce,
Ni el perfil adecuado para un busto digno.
La verdad, es que a nadie le interesó nunca
Lo que tuviera que plasmar en estos papeles
Que yacen esparcidos en mi pieza.
Triste es saber que canté en soledad estos años.
Pronto publicaré un libro,
Para tener el placer de verlo arder hasta las cenizas.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Nada más que sapos

Un hombre no es realmente un hombre,
Hasta que no ha sentido el fuego de Troya
Ardiendo a sus espaldas;
Hasta que no abandona las ruinas
Para amar a la mujer más hermosa.

Hasta entonces,
Un hombre no será más que un sapo.
Si, un batracio berrugoso,
Un nudo de fango y tiempo
Que sólo tomará forma humana
El día en que supere el ardor del sol,
El dolor helado de la luna blanca,
Para amar a la mujer más hermosa.

Ahora, si un hombre prefiere,
Por esas cosas de la vida o de la muerte,
Amar, respetar, y desear a otro hombre,
Con sus manos de marfil o madera solemne,
No soy quien para tratarlo de anfibio mugroso.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

jueves, 10 de abril de 2014

Farol

Fui prisionero muchos años en esta jaula colgante, de cuatro fierros por esquina y paredes de vidrio. Siempre envuelto en las tinieblas, siempre solo en la noche. No fue hasta que llegaste, con esos pasos que sacaban luz de la tierra, que rompiste mi celda y encendiste, al tomarme de la mano, la mecha de esta vela. Supe contigo, al fin, que nací siendo farol, destinado a iluminar, pero tristemente apagado. Hoy somos uno solo. ¿Qué sería una linterna, sin el fuego que la alimenta? Un faro que no alumbra por la noche no es más que una ofensa a los marineros. Por eso yo digo que somos hermosos, porque despertaste la pasión dormida con tus brazos blancos de calor.

Gotye - Save Me

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Relato Onírico

Soñé que el pelo de mi pecho se convertía en una lagartija,
Y que sus verdes lenguas se enroscaban en mi cuello.
Reía, soñé que su cola me hacía cosquillas.

Tuve visiones de una mujer desnuda
Cuando miraba por el cerrojo de la puerta.
Creo recordar que era mi madre a quien espiaba.
La puerta se convirtió en una mandíbula que me tragó.
No grité, pero desperté empapado en sudor.

Soñé que paseaba en burro por el campo,
Cuando una ola me botó de mi montura.
Caí sobre nieve, y el burro se hizo dragón,
Que con su aliento marchitó las flores rojas
Del desierto en el que estábamos.
¿O soñé que pasaba en una ciudad?

Fui una pieza de ajedréz,
Con mi corbata y portafolios.
Me enfrenté a un alfil que tenía el pene largo.
¡Perdón, quise decir peine! Tenía el peine largo.
Me espetó duramente por no entregar mi informe a tiempo,
Me empujó, caía del tablero,
Y desperté de un salto en mi cama.

Soñé que me besabas.
Soñé que te daba miedo hacerlo,
Pero que lentamente, con tus brazos sobre mis hombros,
Formaste con los labios una plegaria.
Yo me dejé besar en el sueño, me dejé querer.
Quizás vaya a verte mañana por la tarde,
Para que sueñes tú también un poco.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano