sábado, 22 de marzo de 2014

Polilla

Fantasma de polvo,
Gaviota de eras pasadas.
¿A dónde te llevarán
Tus alas de papelillo?

Ahora que el sueño
Se apodera de mi ciudad,
¿Qué será de ti,
Mariposa malparida?

¿Arremeterás con violencia
Contra soles de oro,
Lejos de este invierno?

¿O te esconderás,
Detrás de una cortina,
De la lluvia y la mentira?

Siempre odié
Tu vuelo errático,
Me recordaba el sabor
De mi propia pena.

Pero hoy,
Que el viento me sonríe,
Descubrí en silencio
Que creaste un vacío
De tiempo, de soledad,
De roto cristal,
Alrededor de mi lámpara encendida.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

miércoles, 19 de marzo de 2014

Miércoles Perfecto

Has hecho magia en este otoño:
Cuando todo parecía indicar
Que las noches serían pálido hielo,
Con tus brazos envolvísteme de vida,
Me llenaste del calor dulce de la primavera.
Me tornaste dichoso en árbol:
De mis pies salieron raíces invisibles,
Mi cabeza se llenó de ramas firmes
Que sostuvieron los nidos
De esos pájaros que son los sueños del futuro.
Fuiste la flor exquisita que coronó mis hojas,
Fuiste el sol que acarició mi clorofílica piel,
Nutriendo generosamente mi verde corazón.
Fuiste el agua que ha de regarme,
Fuiste el suelo que ha de acunarme.

Me volviste también canción,
Fuiste poesía elemental,
Fuiste sangre roja y vital,
La energía, el aroma esencial,
El tacto suave del viento estelar.

En mis ojos brotaron nuevamente lágrimas,
Pero éstas me resultaron desconocidas,
Nuevas, perfectamente líquidas:
Eran copos felices, eran briznas de alegría,
Eran el alivio de un hombre por años solitario,
Hoy encontrando esa mano delicada, tímida,
Íntima palma de rubí que por tanto ansió hallar.

Íntima palma de algodón que por una vida busqué,
Sin parar, sin pausar, sin respirar realmente,
Porque fuiste mi primera bocanada de aire,
Luego de una eternidad bajo el mar.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

Cosas por hacer

Cosas por hacer:

1) Ver farándula por la televisión un martes.
2) Sacar a pasear a mi gato.
3) Peinarme los dientes y lavarme el pelo.
4) Cocinar para veinte personas en 10 minutos.
5) Besar una mariposa en las antenas.
6) (des)Ordenar mi pieza.
7) Jugar al solitario con mi mejor amigo.
8) Romper un billete en 3 partes iguales.
9) Defender las teorías que afirman que el sol es una araña de luz.
10) Escribir esta frase.
11) Ponerme las zapatillas en las manos y los calcetines en las orejas.
12) Amasar pan, hornear sueños, comer mermelada.
13) Inventar una lupa con papel de colores.
14) Escuchar el sonido infernal de una polilla volando cerca de mi cabeza.
15) Despertarme tarde en las mañanas.
16) Secarme el agua de la ducha como un perro, morder una toalla en el proceso.
17) Determinar si los libros son alimento para el alma, o por el contrario, comida chatarra.
18) Amar sin límites ni restricciones.
19) Disfrazarme de vaquero (o de pirata).
20) Terminar esta lista.
21) ...

Autor: Felipe Guzmán Bejarano.

martes, 18 de marzo de 2014

Imposible que me espante

Me has dado el regalo más fiero,
El don más costoso,
Aquél que más quiero.

Temblaste, tu voz se intensificó,
Cuando me hablaste del miedo,
Del temor que por años te mortificó.

Sin saberlo,
O quizás lo sabías muy bien,
Abriste una puerta en tu corazón,
Y una ventana en tu sien,
Para dejarme entrar,
Como viento de zafiro,
A conocer la fragilidad escondida
Que de ti querías alejar.

Ahora, que he visto lo ilegible,
Puedo decir con propiedad,
Con mi voz de sinceridad,
Que eres la mujer sensible,
Dulce y encantadora,
Que por dentro es nadadora,
Estrella y lucero brillante,
¡Imposible que me espante!

Si con esa risa andante,
Con tus intenciones tan bellas,
¡Imposible que me espante!


Autor: Felipe Guzmán Bejarano


Cerdo y Sapa Urbanos

Un hombre gordo camina tarareando una canción.
Es tan gordo que parece un chancho,
¡Si hasta se le ve la cola por debajo del terno!
Cuando lo veo pasar, dando grandes zancadas,
Noto con sorpresa que se desprende de él
Un suave perfume a flores y fruta.
Tan dulce es la fragancia,
Que de haberlo olido antes que visto,
Hubiera creído que era una mariposa,
Y no un marrano.

Con una pezuña recoge un envoltorio del suelo,
Y tras examinarlo, no se lo come,
Para mi perplejidad,
Botándolo en su lugar en un basurero cercano.
¡Quien lo viera tan porcino y tan limpio!
El hombre gordo camina frente a mi,
Y lo sigo atento, por entre viejas urracas,
Jóvenes aleonados, y elegantes jirafas.

Se encuentra con quien, supongo yo, es su señora:
Una mujer gorda vestida de verde moteado.
Es tan gorda, que parece un sapo obeso,
¡Si hasta se le ven las membranas entre los dedos!
Se dan tierno beso, entrelazan sus brazos,
Y más que caminar, bailan hacia la entrada de un edificio.
Desaparecen tras la puerta de su corralito,
Probablemente a hacer chanchadas,
Y a sapear a quienes caminan por debajo de su balcón.

Me pregunto si sus hijos tendrán ancas de rana,
O por el contrario, jamón serrano en vez de piernas.

Sólo sé que al recordar sus papadas,
Empiezo a toser con arcadas.

Autor: Felipe Guzmán Bejarano

domingo, 16 de marzo de 2014

Disipada

Seis años han pasado desde que llegaste,
Tres de que te fuiste a otros mares.
Me dije que nunca te perdonaría,
Y por eso te recordé siempre con odio.
Pero con el tiempo,
Con el paso de los otoños,
Fuiste desapareciendo de mi memoria,
Lentamente,
Como la niebla matutina,
Sin que lo percibiera realmente,
Hasta que ya no estuviste ahí.
Primero tus hombros se esfumaron,
Blancas rocas de acero inmenso.
Luego tus rodillas de fantasma.
La punta de los pies, el pelo silencioso,
Tu pecho de tinieblas y erotismo asqueroso.
Te fuiste desvaneciendo, poco a poco,
Hasta que sólo quedaron tus ojos
Como dos soles negros,
Uno de muerte y el otro de tabaco.
En una explosión telúrica,
Se desgarraron en infinitas esquirlas de polvo,
En gotas de rocío ácido.
Y te fuiste, ya no existes.
Ahora que tu mirada no se posa en mi nuca,
Puedo ser libre.
¡Libre!
Me atrevo a decir tu nombre.
¡Y más que decirlo, gritarlo!
Francisca.
¡Francisca!
Mujer rata, niña arisca.
¡¡Francisca!!
Así es, nieve de arenisca,
Mueble desgastado,
¡Serpiente con ojos de avispa!
Por fin entraste a ese sarcófago
Que te pertenecía antes de nacer.
Adiós, buen viaje, hasta la vista.
Feliz estoy de haberte perdido la pista.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano

sábado, 15 de marzo de 2014

La Ciudad de los Gatos

Ésta era una ciudad sin calles,
Compuesta por tejados infinitos bajo el sol.
Bares sí que habían,
También autobuses,
Y alguno que otro semáforo.
Sólo los gatos vivían ahí,
Y para la sorpresa de los forasteros,
Era un lugar bastante limpio y ordenado.
Y esto era así, porque en el colegio felino
Enseñaban desde pequeños a sus crías
A dejar las bolas de pelo en los baños.
La ciudad estaba convenientemente lejos,
Arriba en la montaña, cerca de un campo amarillo,
Donde los gatos iban de vacaciones a cazar ratones.
Los gatos ejecutivos vestían con ternos de alta costura.
Y caminaban orgullosos,
Sin mirar a los gatos vagabundos.
Todos los trabajos eran exigentes,
Pero los gatos siempre podían contar con dormir la siesta,
A eso de las 4 de la tarde,
La cual duraba al menos 2 horas.
Está de más decir que la vida nocturna
Era para trabajar,
Y que durante el día descansaban.
Los gatos políticos debatían,
Quizás más de lo que debían,
Sobre la legalidad de la hierba gatuna,
Mientras que los estudiantes marchaban
No a protestar, no:
Iban en tropel a la pescadería
Después de sus clases.
No habían matrimonios,
Los gatos se metían con cualquier gata,
Motivo por el cual tampoco habían prostíbulos,
Lamentablemente.
El negocio más rentable,
En aquella ciudad de Agosto,
Era el comercio de las bolas de estambre.
Los gatos no veían la tele,
Preferían leer el periódico.
Pero eran amantes del cine.
Enamoradizos como ellos solos,
Los artistas, los músicos, los actores ambulantes,
Todos ellos abundaban,
Repartiendo generosamente su magia.
Sin embargo, gatos abogados e ingenieros,
Médicos y psicólogos, no eran minoría tampoco.
Una vez tuvieron un golpe militar,
En donde murieron muchos gatos,
Otros tantos quedaron desaparecidos
Después de detenciones a mitad de la noche.
Afortunadamente, el ejército se disolvió
Cuando sus actos de crueldad afectaron,
De manera severa,
A la producción de la arena para gatos.
Los gatos de esa ciudad,
Con sus ojos de esmeralda,
Sus pelajes camaleónicos,
Eran todos hijos bastardos,
De padres desconocidos.
Pero eso no impidió nunca
Que un gato de buen corazón
Tratase a un minino,
Del modo en que trataría, hoy,
Un padre humano, a su hijo humano.


Autor: Felipe Guzmán Bejarano